Juicio al «Pity» Álvarez: «No le dio tiempo a defenderse», afirmó un testigo clave en el crimen del «Gringo» Díaz

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“Me di cuenta de que murió en ese momento porque cayó hacia atrás como una madera”. Así describió uno de los testigos presenciales el instante en que Cristian Maximiliano “Gringo” Díaz cayó tras recibir cuatro disparos de Cristian Gabriel “Pity” Álvarez Congiú (54), en la madrugada del 12 de julio de 2018, en un pasillo del barrio Samoré, en Villa Lugano. Según el testigo, la víctima “no tuvo tiempo a defenderse”.

Juicio al «Pity» Álvarez: «No le dio tiempo a defenderse», afirmó un testigo clave en el crimen del «Gringo» Díaz

La tercera jornada del juicio por homicidio contra Álvarez comenzó con el testimonio de un hombre que estuvo junto a Díaz en el momento del hecho y que pidió declarar sin la presencia del músico. Por motivos de seguridad, el testigo solicitó identificarse solo con las iniciales C.S. Su declaración se realizó en una sala contigua, con la presencia exclusiva de los jueces Gustavo Groerner, Juan Martín Ramos Padilla y Hugo Navarro, del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 29 de la Ciudad de Buenos Aires.

C.S. habló durante más de una hora y media, al relatar los detalles del episodio. Contó que estaba conversando con el “Gringo”, su amigo, quien ese día estaba de buen ánimo tras visitar a su hija. En un momento, apareció Álvarez, que saludó levantando el brazo, acompañado por su pareja, Agustina Inbernoz. Díaz le pidió a C.S. que lo esperara porque iba a hablar con “Pity”.

Entonces comenzaron a discutir. El testigo intervino para que se detuvieran, y lo lograron. Sin embargo, al alejarse C.S., ambos retomaron la discusión y se enfrentaron cara a cara. Díaz empujó a Álvarez con la cabeza, quien retrocedió un paso, sacó de un bolsillo una pistola calibre .25 y disparó cuatro veces.

“El primer tiro fue cerca del ojo y los otros tres en esa zona”, recordó C.S., quien añadió que un casquillo impactó entre el hombro y la cabeza de Díaz, prueba de que ambos estaban muy cerca. “Me di cuenta de que murió en ese momento porque cayó para atrás como una madera. No le dio tiempo a defenderse”, concluyó.

Finalmente, C.S. explicó sus motivos para testificar: “Vengo por justicia, porque las hijas merecen justicia y vengo a decir la verdad”.

La jornada comenzó alrededor de las 10:30 con la llegada ordenada de Álvarez a los tribunales. Esta vez, la entrada fue distinta a audiencias anteriores, gracias a un vallado coordinado entre su seguridad, la Policía de la Ciudad y la Policía Federal Argentina. Álvarez descendió caminando de la camioneta en la que llegó junto a su hermana Silvina y entró al edificio.

El debate se desarrolló en una sala más amplia, donde a las 11 ingresaron los jueces Groerner, Ramos Padilla y Navarro. Álvarez se sentó a la derecha de los magistrados junto a sus abogados oficiales, encabezados por Javier Marino, a quien abrazó en varias ocasiones.

En el lado opuesto se ubicaron el fiscal general Sandro Abraldes con su equipo, y los abogados Fernando Burlando y Fabián Améndola, junto a Verónica Román, madre de la segunda hija del “Gringo” Díaz y querellante en la causa.

Como en audiencias anteriores, Álvarez estuvo acompañado por su hermana Silvina, su manager Santiago Ruíz y su abogado y amigo Sebastián Queijeiro, quien se encargó de su asistencia y lo llevó a su casa al finalizar la jornada.

El músico, vestido con un camperón, calzas negras con vivos verdes, zapatillas deportivas, un gorro negro y un manojo de llaves colgado al cuello, comenzó a leer parte del expediente utilizando una lupa. Desde su entorno informaron a Clarín que “escribe durante las audiencias y quiere cantar”. Además, Álvarez cubre las cámaras de su celular porque afirma sentirse observado y cree que lo escuchan y ven a través de él.

Estas conductas están relacionadas con el trastorno de personalidad y una severa poliadicción a sustancias psicoactivas que le fueron diagnosticadas.

Al concluir la audiencia, Álvarez declaró: “Estoy tranquilo porque quien va a dar el veredicto de todo esto es la persona que sabemos que todo lo ve”, mientras mostraba un ojo dibujado en su mano izquierda. Luego se retiró en un auto acompañado por Queijeiro y su hermana Silvina, con quienes mantuvo varias conversaciones a lo largo del día.

Además de C.S., en la tercera jornada testificaron otros cuatro vecinos del barrio Cardenal Samoré que escucharon los disparos en la madrugada del 12 de julio de 2018. Todos coincidieron en que “Pity” era un vecino tranquilo, con un trato amable y respetuoso hacia la gente del barrio, y que había personas que solían acercarse a pedirle cosas.

También declaró la última pareja de Díaz, quien aseguró no haber tenido conocimiento de conflictos entre él y Álvarez y calificó la muerte del “Gringo” como “un impacto muy fuerte” en su vida.

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